«Después del sábado, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María para ver el sepulcro. Y he aquí, hubo un gran terremoto; porque el ángel del Señor descendió del cielo, y al llegar removió la piedra y se sentó sobre ella. Su aspecto era como un relámpago, y su vestidura era blanca como la nieve. Los guardias temblaron por miedo de él y quedaron como muertos. Y respondiendo el ángel dijo a las mujeres: —No temáis vosotras, porque sé que buscáis a Jesús, quien fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado, así como dijo. Venid, ved el lugar donde estaba puesto.» Mateo 28:1-6

En el mundo encontramos diversas posiciones sobre la resurrección. Algunos no creen en ella, piensan que podemos vivir como queramos porque todo se acaba con la muerte. Otros consideran que después de morir el alma inicia una nueva vida en una forma física diferente, es lo que llaman reencarnación. Otros creen en la resurrección para algunos, no para todos. Y otros piensan que todos resucitaremos y pagaremos por lo que hagamos aquí en la tierra, por lo tanto ven la muerte con temor y desesperación. La Biblia dice que Jesucristo venció la muerte, resucitó, está en los cielos a la diestra de Dios Padre y quiere vivir en nuestros corazones.
Mateo 28:1-10 nos narra la experiencia vivida por María Magdalena y la otra María cuando se disponían ungir el cuerpo de Jesucristo al tercer día de haber sido crucificado. No encontraron su cuerpo, pero si un ángel que les notifica que Cristo “No está aquí; ha resucitado, tal y como lo había dicho.” (Mateo 16:21). Posteriormente, “Jesús les salió al encuentro y las saludó.” Suele el mundo hacer mucho énfasis en el derramamiento de sangre de nuestro Señor Jesucristo, en Su crucifixión y Su muerte; pero restan importancia a Su resurrección. Y no solamente eso, en Hechos 1:9-11 dice que “los apóstoles vieron cómo Jesús era llevado al cielo, hasta que una nube lo cubrió” y que “así como se ha ido, un día volverá”, a lo cual también le restamos importancia. Apocalipsis 1:7 dice “¡Miren! ¡Cristo viene en las nubes! Todos lo verán venir, aun los que lo mataron; y todos los habitantes del mundo llorarán por él. Así sucederá. Amén.” Lo que confirma lo anunciado por los ángeles en el primer capítulo de Hechos. La resurrección de Jesucristo es una manifestación del poder de Dios, como dice Romanos 1:4, “Jesucristo murió, pero Dios lo resucitó por el poder de su Espíritu, y con eso demostró que Jesucristo es el poderoso Hijo de Dios.”
¿Debemos darle importancia al hecho de saber que Jesucristo resucitó de los muertos? ¿Hoy en día nos concierne de alguna manera?
Romanos 10:9 dice “que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo.” La versión Lenguaje Actual (TLA) termina este versículo de la siguiente manera “entonces se librarán del castigo que merecen.” El fundamento de nuestra fe es la resurrección de Jesucristo, si no creemos en ello no podemos llamarnos cristianos y mucho menos predicarlo. 1 Corintios 15:12-20 (PDT) dice “Si no hay resurrección, entonces Cristo tampoco ha sido resucitado. Si Cristo no ha sido resucitado, entonces nuestro mensaje no tiene caso ni su fe tampoco. Si los muertos no resucitan, entonces somos culpables de mentir acerca de Dios, porque les dijimos a todos que él resucitó a Cristo, sin ser cierto… Si nuestra esperanza en Cristo es sólo para esta vida, entonces somos los seres humanos más dignos de lástima. Pero en realidad Cristo ha resucitado y fue el primero de todos los que serán resucitados de la muerte.” Pero Jesucristo no es el único que resucitó, a nosotros también nos espera una resurrección donde seremos juzgados, “los que hicieron lo bueno volverán a vivir, y estarán con Dios para siempre; pero los que hicieron lo malo volverán a vivir para ser castigados” (Juan 5:26-29 TLA). Aunque esto podría llegar a asustarnos, no debemos tomar la muerte con temor y desesperación, nuestra tarea es confesar nuestro pecado, cambiar nuestra manera de pensar y de vivir y obedecer solo a nuestro Señor Jesucristo (Hechos 17:30-31 TLA). Haciendo esto, podemos estar seguros que algún día estaremos en la presencia de Dios (2 Corintios 4:14).
Jesucristo es el mismo Dios. En Él opera el poder de Dios. Esto lo vemos manifestado en tres puntos que encontramos en Efesios 1:20-22. i) Dios resucitó a Cristo y está sentado a la diestra de Su trono (Efesios 1:20); ii) Jesucristo tiene dominio sobre toda autoridad y poder (Efesios 1:21); iii) Jesucristo somete todas las cosas bajo sus pies y es cabeza de la iglesia (Efesios 1:22). Mattehw Henry, en su comentario bíblico a este pasaje dice que “esa misma fuerza poderosa de Dios se pone en plena actividad cada vez que es regenerado espiritualmente un pecador que se convierte, y se pondrá también en plena actividad cuando llegue el día de la resurrección corporal de todos los que durmieron en Cristo.”
Algunos temen a la muerte, mientras otros la esperan con tranquilidad. Oiga las palabras de algunos creyentes en los últimos momentos de su vida:
“Pero como Esteban tenía el poder del Espíritu Santo, miró al cielo y vio a Dios en todo su poder. Al lado derecho de Dios estaba Jesús, de pie… Mientras le tiraban piedras, Esteban oraba así: «Señor Jesús, recíbeme en el cielo” (Hechos 7:55-60).
“Señor Dios, estos hombres me van a quitar toda una vida llena de miseria, pero tú me vas a dar vida eterna” (Maurice Blanc, Martirizado en Merindol en el año 1547).
“Venid aquí, y prended el fuego delante de mi cara; si le hubiera temido a las llamas, no habría venido a este lugar… A ti, OH Cristo, te ofrezco esta alma en llamas” (Jerónimo de Fraga, Antes de ser quemado en la hoguera).
“Voy con la alegría de un niño a la hora de salida de la escuela.”
“No llore por mí, sino por sí mismos. Voy al Padre de nuestro Señor Jesucristo.”
¿Y usted, como espera la muerte? ¿Con temor y desesperación? ¿Con tranquilidad y confiado en nuestro Señor Jesucristo?
